miércoles, 1 de junio de 2011

Sistema Penal_Instrumento de Control Social


Hablar del sistema penal
implica directamente hablar del poder.

A diario podemos observar a través de los distintos medios masivos de difusión como son exacerbados hasta el cansancio algunos delitos menores perpetrados contra la propiedad privada. No negamos la presencia de algunos de estos delitos, ni la existencia de hechos protagonizados por sujetos enfermos, los cuales, son repudiados hasta por las mismas personas que se encuentran en estado de cárcel, pero vemos como de esta forma el poder domínate instala una psicosis colectiva dentro de la sociedad, que desinformada, y ya presa del pánico, se dispone a aceptar cualquier oferta de protección, provenga de donde provenga. Estos métodos, que no son nada nuevos, les dieron desde sus comienzos excelentes resultados a las distintas familias mafiosas que operaban y operan en el mundo entero.

No existen en la Argentina leyes que dejen en prisión a los verdaderos delincuentes, sin ir muy lejos notamos como los grandes delitos económicos, de los que sobran ejemplos, gozan de total impunidad. En los contados casos que el poder judicial intervenga en estos hechos, tiene preparado para los saqueadores que los cometen las excarcelaciones, y así, ellos no ponen un solo pie en las prisiones.
También sobran los ejemplos de los grades estafadores políticos que se valen de falsas promesas de cambio para arribar al poder, y a la hora de salir, percibimos como aumentaron sus capitales personales y no cumplieron ni con la mitad de lo que prometieron. Tampoco existen leyes que los condenen. Para ellos no existe el rigor de la ley como existe para quines, y por así decirlo, en la desesperación se robaron una gallina, una gallina, que la termina pagando con largo años de cárcel, y muchas veces, con la vida misma.

El Estado no esta dispuesto a brindar soluciones profundas porque eso implicaría una reforma radical del sistema penal. Solo daremos algunos ejemplos: ¿Quién se atrevería a perder el gran negocio económico que representan las setenta mil personas encarceladas?...cuando cada una de ellas, y manejando cifras bajas, les salen al bolsillo de los contribuyentes mas de cuatro mil pesos, que sumado, dan la extraordinaria cifra de: doscientos ochenta millones de pesos, que recauda el Estado por mes. ¿Quién se atrevería a perder el gran negocio político que representa la cárcel como instrumento de control social?. ¿Quién se atrevería a jugársela políticamente desde el poder legislativo modificando el código penal y tocar al poder judicial, removiendo la gran corporación mafiosa de jueces que hay perpetrados en el?. ¿Quién se atrevería desde el poder ejecutivo a desmilitarizar las instituciones penales, abolir los introvertidos Organismos Criminológicos, y a modificar las estructuras edilicias de las cárceles?. Esto no solo implicaría enormes costos políticos, sino además cifras muchas veces millonarias que nadie está dispuesto, a perder, ni a gastar.

Es por esto y mucho más que la única respuesta que le brindan desde el poder a la sociedad es vender encierro por seguridad social, en cuyo eje central figura la cárcel, y en ella, no hay ricos, solo se pudren y mueren quienes el Estado excluyo aún antes de haber nacido. Niños, jóvenes, adultos y ancianos, que en muchos de los casos fueron empujados a cometer delitos menores, son la materia prima que hacer rotar los engranajes del perverso sistema penal argentino.

Lamentablemente no son tiempos de lograr una solución inmediata, esto solo lo podría generar una revolución popular que elimine hasta los cimientos este sistema inhumano. Pero en el mientras tanto, sin abandonar una postura abolicionista, ni abrazar actitudes reformistas, tenemos que pensar en las setenta mil almas que se encuentran en estado de cárcel y en propuestas concretas, que anulen el gran encierro, humanicen las condiciones de detención y, contrarresten el gran genocidio del pueblo argentino que se viene llevando adelante en las prisiones de la región.